"Pensé que simplemente me faltaba fuerza de voluntad."
Mi peor momento era la tarde. Podía haber almorzado bien y, aun así, a las cuatro o cinco ya estaba buscando algo dulce o picando cualquier cosa. Siempre terminaba pensando que el problema era yo. Con VERA empecé a notar que ese impulso ya no aparecía con la misma intensidad. Sigo comiendo normal, pero ahora puedo distinguir mucho mejor cuándo tengo hambre de verdad y cuándo era simplemente ansiedad.
